Cuidado, Niños Trabajando

Por José Bragayrac

En el Perú, del total de niños y adolescentes, 1 millón 359 mil trabajan representan el 16,1% de la población de 6 a 17 años. Según UNICEF 246 millones de niños son víctimas del trabajo infantil en todo el mundo.

Grimaldo, o popi como le dicen los otros niños, tiene lágrimas en los ojos, sentado sobre una inmensa piedra, cerca del mercado La Arenera, en Huaycán, se consuela mirando a la gente pasar, como Calamaro, diría si conociese la canción. Pero Grimaldo no tiene tiempo para escuchar música, hace dos meses abandonó el colegio porque ahora tiene que trabajar para mantener a su familia. Grimaldo, apenas tiene 12 años y tampoco tiene televisor.

En Huaycán todo se hace más temprano, especialmente si vives en las zonas más recónditas de la comunidad como la Z, la T, la K, la zona de los Álamos o Santa Rosa. La zona Z carece de los servicios básicos, el agua y la luz no existen. Son pocas las construcciones de material noble. Aquí no se acostumbra desayunar, para eso hay que tener suerte, dice una niña de uniforme escolar, pálida, de trenzas tan largas como sus carcajadas. Se esconde temerosa tras de mamá. La arena ha logrado desfigurar la piel y las ropas, pero la sonrisa no. Todavía no. Ella parece de papel, delgadísima se lleva los dedos a la boca.

Se ríe de todo, cuenta mamá, hasta cuando no tenemos ni para comer. Milagros, la niña, siempre es bondadosa para reír. Pasa toda la tarde en la avenida principal, la 15 de junio, ahí vende caramelos. Tiene 10 años y todavía asiste al colegio. Mamá trabaja en el mercado pelando pollos, de papá no sabe desde los 5.

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Los recorridos son largos, y para llegar a cualquier lado se paga cincuenta céntimos por viaje. Hay otros que caminan. Otros como Grimaldo que debe caminar desde la zona X , en la falda de los cerros, hasta el mercado La Arenera para ganarse unos soles llevando y trayendo cosas apuradísimo. Mamá esta enferma, papá los visita cada muchos días, y diariamente gana unos 10 soles. En las tardes se cachuelea vendiendo caramelos en la avenida principal.

Ahí se hizo amigo de Milagros, ahí ambos pasan la tarde bromeándose y compitiendo por ver quién vende más caramelos. Él la cuida, porque soy hombre y soy el mayor, dice orgulloso, se pone triste cuando Milagros se jacta de ir al colegio, debe ser tristeza de amargura porque a él si le gustaba estudiar, sacaba veinte, dice, ella en cambio es medio burra.

Se quieren mucho, en el cumpleaños de ella, Grimaldo le regaló un puñado de sus caramelos. Milagros le agradeció con una sonrisa.

Trabajan para poder comer, para que mamá no llore, para comprar el televisor grande de la vitrina, para comprase una bicicleta y llegar más rápido a casa. Atardece, ya es la seis, ellos se irán a casa, esta vez en autobús porque es peligroso llegar de noche, Milagros bajará un paradero antes, Contarán sus monedas en el viaje, ella le hará bromas y él la cuidara tanto como a su familia. Ahora se despiden, caminan perdiéndose en el tumulto de la avenida principal, solo al atardecer, ellos se permiten caminar de la mano.

En Huaycán, ni en ningún otro lado, no se puede vivir del amor, dirían ambos si conociesen a Calamaro, pero no tienen tiempo para escuchar música. Trabajar es, para ellos, la forma más aburrida de jugar, por ahora.

Comunicador Social, amante de la música y los videojuegos.

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